cuando volvió a verla fue como

una sorpresa desagradable que llevaba ardiéndole en las entrañas demasiado tiempo. Habían pasado cerca de siete años y había dejado de ya de buscarla. No iba a encontrarla si ella no quería, pero cuando volvió a verla tuvo la sensación de que ella tampoco se había escondido nunca, en realidad.

Fue en una estancia que resultaba demasiado anacrónica, con pesadas cortinas color vino sobre unos ventanales que arrancaban del suelo y se elevaban hasta el altísimo techo plagado de arañas de cristal y toda aquella gente bien vestida y el extraño ambiente cargado de humo y voces y suave música de violines y los camareros que rellenaban las copas sin una palabra. La atmósfera le hacía sentirse fuera de lugar y lo trasladaba a una infancia difusa en la que no quería pensar. Le daba la impresión de que en aquella sala se cometían los tratos y los crímenes que movían el mundo tal cual era.

Fue en un rincón, y él pasaba por casualidad por ahí. Caminaba por detrás de una columna suntuosa y recargada cuando oyó una sarta de improperios, murmurada por un hombre corpulento que evidentemente no sabía murmurar y se acercó, poco a poco, atraído por los posibles problemas como siempre, como un mosquito hacia la luz. El origen de los insultos era una mujer, o una entidad femenina fuera cual fuera, una mujer que él no podía ver desde donde estaba -detrás de aquel hombre, observando, intentando no llamar la atención-.

-Señor Gordon, me veo obligada a pedirle que haga el favor de mantener la compostura. -La voz sonaba cortante y fría, tal vez con un rastro de la irritación más leve. Era una voz que reñía a aquel hombre con las manos como palas y que olía a colonia barata como si riñese a un niño. Gélida, penetrante y de soprano. Extraña y dolorosamente familiar.

El hombre no se alteró pese a que todos parecían esperar y se limitó a respirar hondo y a pasarse una mano por el pelo engominado.

-Un día voy a matarte, Boss.

No necesitó más confirmación que aquella y el ligero taconeo que había empezado a alejarse y de repente se detuvo. No necesitaba mirar por encima de aquel tío que se mantenía hinchado como un pavo e igual de estúpido para saber que ella se había girado sobre sus talones como sólo sabía hacerlo ella y que sonreía.  En realidad necesitaba largarse de allí, pero aquel iba a ser un problema demasiado jugoso como para largarse. 

Ella sonreía mientras apoyaba una mano en el cuello del señor Gordon, sin apretar, sin hacer fuerza, y sonreía cuando se puso ligeramente de puntillas sobre sus vertiginosos tacones para acercar la boca al oído del hombre y decir, en voz alta para que lo oyera aquel círculo de personas irrisorias que asistía al espectáculo con una mezcla de horror y expectación, que nunca ha estado más equivocado, señor Gordon.

Seguía sonriendo con sus labios rojos cuando clavó los ojos en él. Habían pasado siete años. 

Estaba en problemas.

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Vicky Moon
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New cover for Fahrenheit 451 by Ray Bradbury. “The spine is screen-printed with a matchbook striking paper surface, so the book itself can be burned.”

WHO THE FUCK WOULD BURN A BOOK

have u read fahrenheit 451

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(Source: spacegoat-herder, via imcrazybutwhocares)

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Gandalf: the super nanny

That’s literally me with my friends when we go on demonstration. Like, literally.

(Source: tempella, via mwinches)

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